Matilda el musical: la experiencia personal

Foto: @roxanna.javier (Instagram)

Acto 1: de cambios y milagros:

Matilda te cambiará la vida decían. Sonaba un poco exagerado. Más para personas como yo que, aunque me llamo Pedro, a veces soy peor que Tomás con el tema del ver para creer. Matilda te cambiará la vida decían. Pues dichosos los que creen sin haber visto. Se hizo el milagro y algo cambió (el tiempo dirá si de forma temporal o permanente, esa ya es otra historia).

¿Qué ocurrió en estos meses para llegar a esa conclusión?

Primero Mariana. Ese hermoso ser de luz al que puedo llamar mi hija. Obviaré aquí resaltar su talento porque más allá que lo tiene, para cada padre su hijo o hija siempre será la mejor. Faltaba más. Lo que me encantó es poder vivir a su lado y de una forma tan estrecha esta experiencia tan importante para ella. Desde la grabación de su vídeo para la audición hasta la despedida en el Jaragua. Fueron meses intensos en los que tuve que salir de mi zona de confort -por poner un solo ejemplo, manejar en una ciudad en la que evito conducir salvo que sea estrictamente necesario suele elevar mis niveles de ansiedad de forma significativa-, pero valió la pena. Cada momento de todos estos meses valió la pena. Verle la cara y sentir su alegría después de cada jornada de ensayo, con una sonrisa que no se le borraba ni durmiendo, era impagable. Practicar con ella las canciones y sus líneas para llegar preparada a los ensayos son momentos que atesoro siempre en mi corazón. Si uno no cambia por los hijos, por quién. Y así, sin darme cuenta, estaba involucrado hasta el cuello en el proceso. Salí de mi habitual parquedad para socializar con un lindo grupo de familiares del elenco infantil, con un elenco que derrochaba buena onda a raudales y con unas personas muy especiales a cargo de todo.

Obvio que me refiero a Edilenia Tactuk y Alicia Cabrera Tactuk. Sin ellas Matilda el Musical sería una película de Netflix o un musical que se presenta en Londres desde hace 13 años y tuvo una buena temporada en Broadway. Nada más. Pero resulta que la pequeña Alicia vio la obra allá en el 2013 y desde entonces se le metió entre ceja y ceja la necesidad de traer un día ese musical a su tierra. Sólo ella podía escribir su cuento. Y si iba a tener que esperar diez años para poder tener la licencia y en paralelo estudiar y prepararse para dirigirla, lo iba a hacer. Y es que a veces hay que ser un poco travieso y al mismo tiempo hay que ser muy paciente.

Pero esa historia ya la han contado varias veces. Yo me refiero a la calidad humana de dos personas que he podido conocer en este proceso, excelentes en lo que hacen profesionalmente -una con toda una vida de experiencia y la otra con todo un futuro por delante-, pero mejores personas aún en el día a día. Dos seres de buen corazón. Tuve esa impresión y la percibí en el elenco, en especial en el infantil que las adoró con pasión. Los detalles que tuvieron se cuentan por decenas hasta el instante final, como podrá leer el temerario que llegue hasta el final de estas líneas.

Con Alicia vino Attilio Rigotti, el tiburón chileno. Desde que llegó nos ganó a todos con su cordialidad y amabilidad. En lo profesional me cuentan las mejores referencias de la experiencia bajo su codirección. El “¡sorpréndanme!” caló hondo en el elenco y lo que fueron elaborando en materia de puesta en escena y detalles técnicos que escapan a un indocumentado teatral como yo, quedó registrado en el éxito de cada función. Siempre sencillo, incluso haciéndose a un lado y dejándole el protagonismo a su elenco, el buen Atti se hará extrañar… hasta que vuelva por otra “pechurina”.

Del elenco ya escribí en el posteo “objetivo” que escribí hace poco. Sin embargo, volveré sobre ellos más adelante. También fueron muy importantes en mi proceso y me llevo las mejores impresiones de ellos. Del elenco adulto la calidad de su trabajo y su amabilidad y guía para con el elenco infantil, y de éste una energía revitalizante y rejuvenecedora, además de un talento impresionante y un futuro prometedor.

Un elenco infantil permanentemente acompañado por un nutrido grupo de familiares todo el tiempo. Madres, padres, tías, hermanos, formaron un lindo grupo de apoyo y soporte en estos meses. Formamos, porque me siento parte. Y es que resultó tan acogedor que lograron que hasta yo, que prefiero siempre observar más que hablar y que inicialmente me sentaba a cierta distancia para no importunarles, terminara integrándome y conociéndoles día a día un poquito más. Cada una de las madres especialmente tiene un pedacito de responsabilidad en que mi experiencia haya sido especial.

Cómo no va a cambiar un poquito tu vida si te gusta la música y resulta que puedes ser testigo del talento y la maestría de Janina Rosado junto a una orquesta de consumados músicos dándole vida de forma impecable a un score tan hermoso como complicado como lo es el creado por Tim Minchin. O ver cómo Erick Roque elaboraba las coreografías que más adelante levantarían al público de sus asientos revoltosos. O cómo Paola Gonzalez les guiaba vocalmente para llegar a la mejor interpretación en cada canción.

Y cómo no va a marcarte positivamente ver todo un equipo de trabajo detrás que laboró mañana, tarde y noche sin dejar de brindarte una sonrisa, atentas a si necesitabas algo, estando pendiente de tus hijos, buscando soluciones, resolviendo inconvenientes. Mazzie, Sarah, Escarlin, todas ellas, todos ellos. Instrumentos de cambio. Y de revolución.

Si encima Matilda es una excusa perfecta para que tus hermanas vuelvan por la isla y se turnaran para estar presentes en casi todas las funciones, realmente poco más se puede pedir.

Matilda te cambiará la vida, decían. Pues sí. Aunque suene exagerado a quien no lo haya vivido como yo.

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Acto 2: A veces hay que comenzar por el final para entender el inicio

Era la una de la mañana,
Santo Domingo un día nuevo,
con la Matilda que se acaba,
después de haber cumplido un sueño.
(Discúlpame Juan Luis, no había forma que 19 de agosto rime con sueño).

Las luces comienzan a apagarse en el Teatro Revoltoso. Se termina el domingo 18 y el telón se ha bajado por última vez tras siete inolvidables funciones de Matilda el Musical, casi todas ellas a casa llena. Ha sido un domingo lleno de emociones desde temprano. En casa Mariana había aguantado estoicamente, pidiendo que no le hablemos del tema, pero a la hora de almuerzo antes de acudir al llamado final, solo atinó a juguetear con un muslo de pollo casi sin probarlo, sin poder impedir que dos gruesos lagrimones le comenzaran a rodar por las mejillas. Luego, cuando los familiares del elenco infantil llegamos par de horas antes de la función, pudimos ver la última prueba de sonido y apreciar el sinfín de emociones encontradas que transitaba cada miembro del elenco. Abrazos interminables, sonrisas que transmitían nostalgia a cuenta de comenzar a extrañar; lágrimas que vencían los nudos en las gargantas y voces que se quebraban al momento de probar los micrófonos. Era imposible impedir que la alegría y enorme energía que este grupo de personas transmitió siempre, se viera matizada por la inminencia de un ciclo que se acababa, de un proceso que comenzaba a cerrarse.

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Primeros días del 2024. Andábamos por Lima visitando a mi familia y en medio de ese viaje mi esposa comenzó a recibir mensajes de WhatsApp de diversas personas casi con el mismo tenor: “¡el casting de Matilda está abierto!”. Mariana acababa de presentarse en el Teatro Nacional por segundo año consecutivo en El Cascanueces que cada diciembre ha hecho una costumbre navideña la Academia Ballet Concierto, donde ella asiste desde hace tiempo. Estaba más que feliz por su participación y por el viaje a Perú.

Un año antes, el 26 de diciembre, pero del 2022, habíamos visto Matilda el Musical, la versión de Netflix. Recuerdo que publiqué un “story” en Instagram indicando que la película estaba muy bien y que Emma Thompson era una villana estupenda, admitiendo también que en algún momento la trama me generó un poco de ansiedad porque la pobre Matilda y sus compañeros no podían liberarse de la bendita Tronchatoro. También recuerdo un detalle que parecería preparado si no fuera porque fue verdad: nos cayó en gracia, en especial a Mariana, Lavender, la autoproclamada mejor amiga de Matilda. Alicia y Edilenia saben que es verdad, porque cuando le anunciaron que había sido seleccionada, antes que le dijeran de papel alguno, Mariana les dijo que le encantaba Lavender.

Obviamente ni en diciembre de 2022, ni de 2023, se nos hubiera imaginado ni en el mejor de los sueños, ni en la más feroz alucinación que algún día Lavender y Mariana iban a cruzar sus caminos de una forma tan trascendental.

Foto: @roxanna.javier (Instagram)

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La función final -otro sold out- tuvo una energía que la hizo especial. Probablemente fue el público más entusiasta de todos. En el escenario, profesionales al fin los más grandes y mostrando una enorme madurez para controlar las emociones los más pequeños -donde la mayoría eran debutantes-, la energía fue retribuida por otra gran performance de todos. Desde el “soy un milagro dice mamá” con el que inicia Milagro, hasta el “a veces hay que ser un poco (mocosos) traviesos” del saludo final, cada uno de los actores y actrices fueron desandando la genial obra de Minchin por última vez, con la solvencia y la práctica que les fue dando la experiencia y el pasar de cada una de las funciones.

La ovación final fue interminable y calurosa. Era una forma por parte del público de abrazar y consolar a varios miembros del elenco que se notaban visiblemente emocionados y a los que les era imposible controlar más las lágrimas y emociones -Mariana comenzó a caer en cuenta que era el final, y dejando el estoicismo de lado se apretaba fuertemente a Edilenia para sostenerse-. Se produjeron sendos reconocimientos y ofrendas florales y en medio de todo eso, el elenco tuvo un enorme regalo cuando se anunció que Juan Luis Guerra estuvo presente en la función. Cuando el legendario músico dominicano se puso de pie y les aplaudió, las caras del elenco, especialmente de niños y niñas eran todo un poema.

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Mariana no tenía experiencia alguna en el teatro musical. Aunque le gusta verlo, lo suyo siempre fue sobre todo el ballet y cantar. Pero de allí a participar en un musical… ni siquiera teníamos la menor idea de cómo son los procesos de audición o quien o donde los realizan. En todo caso, la idea le encantó así que la inscribimos en el proceso de audición, con las clásicas precauciones de padres más allá de nuestra ignorancia en la materia: “recuerda que a las audiciones van muchas personas, hay más postulantes que papeles disponibles, por ahí te elijen y nos alegramos, pero si no te elijen lo que importa es que disfrutes de la experiencia”. Preparó la voz con Indira y remitimos su pieza de audición.

El 15 de febrero recibimos el correo indicando que había sido seleccionada para participar de las audiciones presenciales del 26 de febrero. Nos alegramos mucho, ella más. Ya eso lo considerábamos un enorme logro. Diez días para aprenderse el texto y la canción a presentar, ambas extraídas del guion del musical. Ese 26 también tuvo una audición de baile con Erick Roque, el coreógrafo del musical, y uno de los mejores bailarines del país. Cuando regresó a casa, Mariana estaba exultante. Sentía que le había ido bien y que quienes la habían examinado quedaron satisfechas con su audición. La experiencia le había encantado. Ahora todo era cuestión de esperar.

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Cuando se cerró el telón y la audiencia se retiró Edilenia y compañía tuvieron un último detalle de los muchos que tuvieron a lo largo de estos meses. Improvisaron un compartir en el mismísimo escenario bajo la sombra de la imponente escenografía de Angela Bernal. Sentí una enorme emoción subido allí por primera y única vez. Todo era incluso aún más lindo visto de cerca, y el Teatro Revoltoso se veía imponente con sus asientos azules. Las lágrimas dieron paso a sonrisas, bailes, guerra de tiburones de peluche, celebraciones de cumpleaños y más reconocimientos mientras directores, elenco, familiares y todo el equipo de Edilenia se mezclaban en distendido momento. Era una sensación extraña. Saber que la noche se acababa y al mismo tiempo querer prolongarla todo lo posible con esa sensación de “que no se termine nunca” que todos compartíamos.

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La espera desespera dicen, y los dichos por algo existen. Fue más de un mes a la espera de un correo o una llamada que no llegaba, con todos los pensamientos que se te pueden cruzar por la cabeza en ese período. En determinado momento tratábamos de no pensar más en el asunto, pero que va, venía sin que lo inviten. Se fue marzo sin noticias y de repente a mediodía del primero de abril… una llamada y un antes y después. Para siempre.

Mariana había sido seleccionada para ser parte del elenco infantil de Matilda el Musical. Yo estoy agradecido ya por el solo hecho de haber podido ser testigo directo de ese momento. Probablemente uno de los más alegres que ha vivido Mariana hasta la fecha. Cuando Edilenia y Alicia la llaman y le dan la noticia prácticamente no podía articular palabra. Cuando la videollamada concluyó pego un grito, y fue a abrazarme gritando ¡Matilda! Lo recuerdo y se me vuelve a erizar la piel de la emoción de verla tan feliz. Similar sensación hubo en los hogares de cada uno de los niños y niñas seleccionados. Cuando uno ve el video de las reacciones en el Instagram del musical es imposible no emocionarse.

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“Pero resulta que el tiempo es algo que nadie puede controlar”.

Y el momento llegó. Despedidas interminables, emoción en carne viva, abrazos en los que se transmitía todo el cariño que las palabras entrecortadas en ese momento no podían expresar. Poco a poco nos fuimos retirando del Teatro Revoltoso echándole una última mirada a una escenografía y a un teatro que quisiéramos que no se desmonten nunca. Un último vistazo a la que fue la casa de Matilda, el hogar de todos en las últimas dos semanas y al cartel del musical a las afueras del teatro, mientras apagaba sus luces en las primeras horas del lunes 19 de agosto. Era el momento del adiós a Matilda y de lo que quizás es un hasta luego entre todos los involucrados. Sólo Dios sabe los senderos por donde el arte volverá a cruzar sus caminos.

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Foto: @roxanna.javier (Instagram)

Tan largo que se hizo el interminable mes de marzo esperando el resultado de la audición, y tan breve que ha parecido el paso del tiempo desde aquel primero de abril hasta hoy. El sábado 13 de abril la toma de fotos y el primer contacto entre ese grupo de niños y niñas que en los próximos meses iban a compartir más tiempo entre ellos que con sus propias familias. El 30 de abril el inicio de los ensayos en el Hotel Courtyard, más concretamente en el Salón El Vergel, que iba a ser testigo de esos primeros meses del forjamiento de lazos entrañables y sobre todo de la concepción y desarrollo del musical. El 14 de julio se mostraba el asiento azul revoltoso en Ágora Mall, y tres días después se llevaba a cabo la conferencia de prensa en el Salón Sol de Oro del Hotel Jaragua, otro de los espacios que guardaría los secretos de largas jornadas de ensayo del elenco. Los ensayos en Mango TV, con la orquesta al mando de la maestra Rosado. La primera prueba de vestuario el 21 de julio, y cuatro días después el primer contacto con el Teatro La Fiesta, antes que en menos de diez días se convirtiera en el Teatro Revoltoso. Cuando menos nos dimos cuenta, llegó el 9 de agosto, día del estreno, luego de una frenética semana previa, superando por igual obstáculos previsibles y no previstos. Y casi en un pestañear de ojos acá andamos, haciendo recuentos y hablando ya en pasado del proceso en lo que se reanuda la rutina.

Acto 3: Recuerdos nostálgicos en lo que la vida continúa

Los niños tienen una capacidad para recuperarse envidiable. Cuando se enferman a los dos días están como nuevos. Cuando pasan por fines de procesos como el que han vivido, también. Se van reintegrando a los colegios, a sus amistades, a sus rutinas con total naturalidad. Igual, en Mariana, de tanto en cuando, se nota que aún va procesando algunas cosas de lo vivido y extrañando no solo la experiencia, sino a las personas. Conversaba con ella y no se cansaba de destacar las bondades de cada una de ellas. Lo que se reía y lo bien que lo pasaba con sus compinches del elenco y coro infantil. Lo respetuoso que es Jose, lo buenas personas que son Ximena, Miranda, Alanna y Kaori, las carcajadas que le sacaban Manu, Camila y mi tocayito Pedro, la diversión con Sophie y Avril, la enorme actitud de Ema y Montse, que junto a Ernesto y Orianna no paraban de bailar nunca, siempre estaban practicando algún movimiento. Con todos y todas ha vivido unos meses maravillosos.

Y que decir de los adultos. Obviamente que solo habla maravillas de Edilenia, Ali y Atti, admira mucho a Erick, Paola y Janina, y valora el trabajo del equipo, con Mazzie y Sarah a la cabeza. Yo debo expresar mi agradecimiento con todo el elenco adulto. Les han tratado con cariño y respeto, y les han orientado y guiado con paciencia y amabilidad. Fue una percepción que fue creciendo en mí a medida que pasaban los ensayos y que Mariana me confirmó en nuestra charla reciente. Ha sido un aprendizaje enorme para ella dentro de una sinergia especial entre grandes y chicos. Me dijo que Gracielina es todo lo opuesto a Tronchatoro, que Roger es muy amable, que OB le enseñó mucho de coreografía y que Judith, Carla, Jean Luis y Dayerlin siempre la hacían reír muchísimo. Que Mencía comparte con la señorita Miel además del ser maestra, la dulzura que transmite al igual que Edlin, y que Gabriel es el mejor papá falso que podía tener. Me destacó la amabilidad de Sofia, Emma y Alanna así como de Guille, Simone, Claudia y el “profesor” Peter diciéndoles siempre que escuchen y estén atentos. Me dijo que Juan Luis fue como una especie de papá siempre cuidándoles y orientándoles y por supuesto que disfrutaba las ocurrencias de la influencer oficial, Luisa, AKA @luferavi. A Indira le tiene un cariño especial porque ya la conocía y porque Mariana, agradecida ella, repite a quien quiera escucharla que fue muy importante en la preparación de su audición.

Yo simplemente les puedo decir gracias. Y claro, que admiro y respeto muchísimo su trabajo. Tanto así que, aunque no me gusta andar pidiendo fotos, me tomé algunas ellos para tener el recuerdo. No pude con todos, porque tampoco me gusta andar molestando a la gente cuando está trabajando, pero las que tomé las guardaré con aprecio. Además, en un hecho que a mi esposa le causa mucha gracia, les sigo en Instagram, precisamente yo, tan poco dado al tema -como que tengo más solicitudes de seguirme pendientes de aceptar que seguidores-. Je, Instagram hizo que aplique otro dicho, aquel de “no escupas al cielo que te puede caer”. Yo que no soy fan de postear mucho, debo haber posteado en estos meses un promedio absurdo de stories sobre Matilda. Pero ya lo dije: si es por los hijos, publico stories hasta que Zuckerberg diga que excedí el límite. Ahora toca retomar la austeridad de publicaciones habitual… ¿hasta la próxima obra de Mariana? Quien sabe.

La próxima obra. Que será lo que le traerá el futuro a Mariana. Como se lo dije después de la llamada del primero de abril. Disfruta. Si es la única obra en tu vida que sea un recuerdo maravilloso que siempre evoques con cariño. Y si es la primera de muchas, pues disfrútala porque Matilda siempre será eso, “la primera”, y esa sensación del debut, de lo nuevo y lo desconocido, es única e irrepetible. Que sea lo que tu quieras hija, que ahí estaremos apoyándote. Siempre.

Sería un malagradecido si antes de terminar no agradezco a Dios y a la Madre María. Desde el día cero puse todo este proceso en sus manos. No sólo el de Mariana, sino el de todos los involucrados. Y viendo los resultados creo que me escucharon. Aún en los momentos más complicados, cuando el Tomás que llevo dentro no veía forma que alguna cosa sucediera, hacía una oración -que en más de una ocasión también hicimos en grupo con los familiares del elenco infantil- y ¡zas! recibía mi correspondiente bofetada por escéptico y hombre de poca fe. También fue eso, una experiencia de fe, sin duda alguna.

Los días pasan, la vida continúa. La rutina evapora la nostalgia y lo que empieza a quedar es un enorme y grato recuerdo de una experiencia maravillosa. “Sale el sol y el día vuelve a empezar, si quieres puede ser otro el final, si estás atrapado y quieres escapar ¡que empiece la acción! No hay que llorar.”

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