
Foto: Cortesía de la producción del musical.
*Va el “disclaimer” acostumbrado: este es un relato de mi experiencia siendo testigo del proceso por dentro. Para opiniones y críticas de expertos, favor buscar y leer… a los expertos.
Escribir al día siguiente de una función final puede resultar bastante difícil, sobre todo cuando lo que concluye es algo que has disfrutado muchísimo. Que sí, que solamente soy el papá de una de las actrices del elenco, pero eso es lo que pasa por mi cabeza en este momento, cuando intento escribir unas líneas sobre el tercer musical en el que ha podido participar.
Que tema este de concluir procesos o etapas en la vida, le decía a mi esposa cuando terminábamos de recoger todas las cosas del camerino que acogió a nuestra hija estos dos fines de semana. Esas ganas que tienes de no sentir esa nostalgia y esa pizca de tristeza por algo que se termina, pero al mismo el convencimiento que si te duele que termine, es porque disfrutaste al máximo el camino. Cuando te das cuenta de eso, llegas a la conclusión que si inevitablemente todo tiene un final, que ese final te encuentre sin arrepentimiento alguno por lo vivido previamente. Como dice el vals peruano, aquel que no ha llorado no es humano, aquel que no ha querido no ha vivido. Pues eso.
Bob Esponja El Musical ha sido un proceso hermoso que derivó en cinco vibrantes presentaciones donde las actuaciones, las voces, las coreografías y la escenografía dejaron complacidas a las personas que acudieron al Palacio de Bellas Artes. La conclusión de un trabajo de casi cuatro meses de ensayos y muchos más de preparación y producción previa, del que pude ser testigo al ser mi hija, menor de edad, parte del ensamble del elenco.
¡Cuánto talento hay en el teatro musical en República Dominicana! No estoy siendo original en el elogio, porque he escrito lo mismo en los post dedicados a Matilda El Musical y Peter Pan El Musical. Pero es que me toca escribirlo cada vez que soy testigo de la labor que realizan los elencos para poner en escena un espectáculo que involucra canto, danza y actuación. De hecho ya he reconocido la labor del ensamble de Bob Esponja Musical en el post que antecede a éste y por eso mencionaré esta vez a los demás protagonistas del musical.
A Guille Martin lo conocí precisamente en Matilda El Musical. Era parte del ensamble, pero en el opening de la obra tiene un solo como el doctor que atiende el parto de Matilda. Y ahí pude apreciar el impresionante registro vocal que tiene, con el que alcanza las notas más altas de forma cristalina. Es un talento brutal. La forma en la que se convirtió en Bob Esponja dice todo lo que hay que decir de su trabajo: cada movimiento del cuerpo, de los brazos, de las manos, el caminar del dibujito animado y sobre todo la voz. Si cantar bien con la voz normal es complicado, lo que debe ser cantar bien haciendo la voz del mítico Bob. Pues Guille no solo lo hizo, sino que lo hizo de forma espectacular. Era su papel, Bob lo estaba esperando, y vaya que lo hizo brillar.
Aquí debería mencionar a Ramón Ruiz que trabajó todos estos meses para ser Patricio, el amigo inseparable de Bob. Ramón es un ser cuya presencia llena de alegría cualquier recinto al que llega. Estaba listo para su papel protagónico. Lo estaba demostrando en el ensayo general, la noche previa al estreno. Ya estaban venciendo al volcán y bajando para el final del musical, cuando de repente un mal paso, un alarido de dolor, una fractura. No sé si la vida es cruel o simplemente es vida y como tal trae consigo todas sus alegrías y pesares. Es lo que hubo. Ramón no pudo actuar lo que tanto había preparado, pero no hubo momento de esas cinco funciones donde no estuviera presente en el corazón de todo el elenco y el equipo.
Y así como Patricio aparece al rescate de su querido Bob, así apareció Nicolas Hernández, quien era parte del ensamble y tenía características físicas similares a las requeridas por el papel. El director le preguntó aquella media noche de dudas y angustia si se sentía en la capacidad de ser Patricio y Nicolás no lo dudo. Lo que Nico logró en las siguientes dieciséis horas es una gesta al alcance de pocos. A las cuatro de la tarde de ese sábado 23, estaba saliendo a escena como Patricio y lo hizo de forma admirable. Solamente él y todo el equipo saben los nervios que se vivieron antes y durante aquella primera función, pero también todos fuimos testigos de como ese elenco que se había compenetrado tanto, fue ayudando hasta en el mínimo detalle a Nicolás para superar aquella prueba. El final de aquella primera vez fue una emoción muy fuerte. Ya pasado lo peor, Nico fue haciendo suyo el papel función tras función. Ejemplo de resiliencia que le dicen.
Sharmin Heredia dio vida a Arenita. Su primer protagónico. El director siempre le pedía en los ensayos que proyecte todo su potencial, y vaya que lo proyectó. Fue el tercio perfecto de Bob y Patricio para salvar el Fondo de Bikini. Arenita proyectó, cantó y encantó. Siempre sonriente y positiva dentro y fuera del escenario, el futuro luce prometedor para Sharmin.
Juanma García fue Calamardo y logró que un personaje en su esencia amargado y pesimista, aún así llegase a ser querido por el público. De hecho su número musical, en donde sueña con que es un artista exitoso y baila tap acompañado del ensamble adulto, es aplaudido a rabiar por el respetable. Un pequeño detalle es que toda la obra Juanma la realiza con una prótesis de dos patas detrás de sus piernas, con el consiguiente reto físico que ello implicaba (ya no se diga de tener que bailar tap con ella). Juanma la descose. Nada que me extrañe. Cuando no lo conocía y mi hija ni soñaba con estar compartiendo tablas un día con él, fuimos a ver Grease y salimos admirados de la vida que le dio a Eugene Felsnic, el tonto pero adorable nerd del musical. Juanma se apodera del escenario cada vez que sale al mismo, y el reconocimiento del público en el saludo final es la muestra de ello.
Alejandro Espino es el malo del musical. Un Plankton de pocas pulgas, que regala un memorable número de rap y que hace dupla con su amada Karen La Computadora, interpretada por Patricia Peña en su debut musical. A Patricia puede que usted la conozca en las redes hablando de la famosa pareja María Josefina y Marcos José; en este caso hizo su debut en el teatro musical junto a Lauren Molina, quien hace la voz del narrador francés al tiempo de ser la sirena del Fondo de Bikini. Creo que a ambas les ha encantado la experiencia y no dudo que volveremos a verlas en otro musical.
Alejandro Guerrero es Don Cangrejo el tacaño jefe de Bob. Se luce con su caminar acompañado de los efectos especiales de Bonnet. Pareciera que llamarse Alejandro fuera sinónimo de calma y experiencia. Los dos Alejandro lo transmiten dentro y fuera de sus papeles. Chabela Estrella de Bisonó es la Alcaldesa. Contrario a su personaje, a Chabela la quieren todos en el elenco y, en el escenario, hace que la cuestionada máxima autoridad del Fondo de Bikini tenga un lado encantador. A Anya Damirón la conocía de sus libros y sus cuenta cuentos. Si le habremos leído los mismos a mi hija. Si se habrá dormido ella innumerables noches escuchándolos relatados en Spotify. Ahora compartió con ella, haciendo el papel de Perca Perkins, la reportera que nos iba anunciando que lentamente y sin control el fin se acercaba. De Claudia González, que hace de la señorita Puff escribiré más adelante, pero no quiero olvidarme de Noel Ventura que le pone las pilas al público al inicio como Patchy el Pirata y de Angelica Lora que tiene un particular intercambio con él dando inicio al musical.

Foto: Cortesía de la producción del musical.
¡Qué lindo grupo humano que se formó! Mi hija terminaba un domingo la última función de Peter Pan El Musical y al día siguiente estaba comenzando los ensayos de Bob Esponja. Sin día alguno de descanso, un proyecto nuevo, un grupo humano nuevo. Poco podría imaginar que estaba ad portas de vivir algunos de los mejores momento de su vida hasta acá, y que se encariñaría tanto con gente que en muchos casos no conocía y a los que ahora ya comienza a echar en falta. Y es que de verdad, se encontró con artistas muy talentosos, pero por sobre todas las cosas, con mejores personas.
Recuerdo el primer ensayo de coreografía a cargo de Valentina Grillo. Unos ejercicios de relajación, otros tantos de estiramiento para entrar en calor, y las primeras pautas a seguir. Yo había visto algunos pasajes del musical de Broadway y solo pensaba en cómo se iban a lograr esas danzas con casi todos los integrantes del elenco en el escenario, realizando movimientos distintos en paralelo. La respuesta fue simple: con mucho trabajo y con la paciencia y orientación de Valentina con todos y cada uno de sus pupilos y pupilas. Quien haya ido al Palacio de Bellas Artes podrá dar fe de la calidad de las coreografías y el cuidado hasta del mínimo detalle. Inclusive, como he comentado, se montó un número de tap logrando enseñarle a personas que, en algún caso, tenían poca o nula experiencia danzando con los zapatos que se usan para ello. Tan bien quedó que “la canción de Calamardo” terminó siendo uno de los números más aplaudidos por los asistentes.
Imagino que si hay un comentario que debe resultarle un halago y al mismo tiempo dejar descolocado a un director vocal es que le digan “que bien se oían las voces… ¿las grabaron previamente?”. Y varios miembros del elenco y la propia Claudia González recibieron ese comentario tras las funciones. Qué se puede agregar a eso. Cuando las interpretaciones suenan tan nítidas cantadas en vivo que pareciera que estás escuchando un disco, solo queda destacar a los artistas, a su directora vocal, a Hari Solano y también claro, a Ariel Ramos y su gente a cargo del sonido.
Cuando a la danza y las voces le sumas las actuaciones y toda la obra en su conjunto, la labor a destacar es obviamente la del director general, en este caso Joyce Roy. No lo conocía y lo primero que me llamó la atención por allá en mayo desde el primer ensayo fue su pasión. Vive lo que hace y trata de transmitirlo a sus dirigidos. Cuando les habla, siempre encuentra palabras motivadoras que intentan llegar a lo más hondo de su elenco. Cuando les dirige, le faltan brazos, miradas y movimientos para tratar de guiarles. En todos y cada uno de los ensayos. Comprensivo y empático, pero también lo suficientemente claro como para poner los puntos sobre las íes cuando correspondía. Resulta obvio que si el resultado final fue del agrado del público, su misión fue más que cumplida.
La escenografía recayó nuevamente en Angela Bernal y su gente de Tracke Stage. Tendré que reiterar lo que expresé en los post relativos a Matilda y Peter Pan. El trabajo de Angela y su equipo no tiene nada que envidiarle a la escenografía de obra teatral alguna. Bob Esponja era un reto porque la escenografía debía reflejar casi un Do It Yourself, en el que el propio elenco muchas veces la trasladaba, convirtiéndose en una escenografía andante. Además había que crear una piña bajo el mar, un volcán, y otros escenarios más. En cada uno de ellos Angela dio con la tecla. Un privilegio ver como ese teatro se fue convirtiendo en el Fondo de Bikini (y una suerte no tener que ver ese momento agridulce en el que el trabajo de tantos meses procede a desmontarse en un dos por tres).
Mi hija ha sido muy bendecida con los equipos de producción bajo los cuáles le ha tocado trabajar. Uno no es ingenuo y además va escuchando y leyendo historias. Como todo en la vida, y en toda actividad, deben existir experiencias buenas y malas también en el teatro y en el arte. Yo solamente puedo tener palabras de reconocimiento para las tres productoras que he conocido. En este tercer musical, de hecho, fueron dos: Broadway RD y Producciones Joyce Roy. José Rafael Reyes y Joyce no escatimaron esfuerzos para que a su elenco no le faltara nada desde el primer ensayo hasta que se apagó la luz tras la función final. Siempre atentos ambos. Admirable fue la forma en la que fueron afrontando diversos obstáculos en el camino: momentos personales complicados, pérdidas de seres queridos, y aquel mazazo del ensayo final. Guiaron al equipo de tal forma aquella noche que, en medio de la conmoción y una vez que Ramón fue trasladado a la clínica, le permitieron a todos tomar un respiro, calmar la ansiedad, hacer una oración y retomar el ensayo hasta el final cumpliendo con aquella premisa artística de que “el show debe continuar”.
Una enorme mención a su coordinadora de bienestar, Estefanía Henríquez. Qué trabajo el suyo y cuanta nobleza y buena disposición en una persona. Reconocimiento también a Luijo Jiménez, José Carlos Reyes y a cada miembro del equipo de producción. Todos un equipo entregado al 100% en su trabajo. Ese trabajo que no se ve en el escenario, pero sin el cual sería imposible que en ese escenario sucediera nada, es una labor tenaz. Primeros en llegar y generalmente últimos en irse. Chapeau a ustedes.
Es curioso. Sabía poco y nada de Bob Esponja (no me culpen, en el año 1999 ya yo no veía dibujos animados, recién volvería a verlos años después al ser papá), y ahora tengo inevitable nostalgia al abandonar el Fondo de Bikini. La vida sigue. Ya la mayoría está abocada a su rutina diaria, otros iniciando nuevos proyectos, los niños volviendo al colegio. Bob Esponja El Musical es ya oficialmente apenas un recuerdo. Eso sí, uno de esos que queda marcado en el corazón. Ha sido un gusto Bob. Dale un abrazo a Patricio, Arenita, Calamardo y a toda la tropa de mi parte. Los voy a recordar siempre. Y cuídenme el Fondo de Bikini. Como anda de complicado este mundo acá arriba en la superficie, quien les dice que en una de esas volvemos a visitarlos en cualquier momento para tener un respiro y disfrutar de una deliciosa Cangreburguer.