Me haces falta. Como la gran flauta. Nunca pensé que se podía sentir un vacío tan infinito en el pecho, que a veces parece llenarse de un hielo seco que quema y congela al mismo tiempo, y que otras veces parece ser traspasado por un cuchillo que punza y retuerce el corazón de manera interminable. A la vejez me has puesto a prueba. Tu sabes que soy reservado tirando para antisocial, pero en estos cuatro meses y medio he tenido ganas de salir gritando desesperadamente que te extraño. Ah, viejo querido, pocas veces he deseado llorar tanto sin poder hacerlo y, al mismo tiempo, las pocas veces que he podido, he llorado como pocas veces lo he hecho. Que vaina cholito, cosa más grande la vida.
Encima te vas justo antes del Mundial. Tanto que lo habíamos esperado carajo. 36 años, viejo. Toda una vida. Y cuando lo conseguimos me hiciste un amague más grande que los del Nene Cubillas y me saliste con la picardía de irte a ver el Mundial desde un lugar privilegiado, al lado de Dios, donde todo es paz, y donde te lo va a narrar el querido Dani Peredo, la voz del Perú, que también decidió irse éste febrero maldito, después de cumplir su sueño de narrar la clasificación peruana. ¿Sabes papá? Me consuela esa certeza de saberte bien y en paz, aferrado a mi fe y la promesa de vida eterna, pero igual, como te habrás dado cuenta, la vida aún no es la misma y, lógicamente, el regreso mundialista no será lo mismo sin ti por aquí.
Pero te prometo que lo voy a disfrutar. Así como disfrutamos ese Perú – Ecuador de septiembre pasado, cuando nos vimos por última vez ¿te acuerdas? Ganarle por fin al vecino del norte en su casa, sentir por primera vez en mucho tiempo que clasificar era posible, compartir esa alegría juntos, algo que a la luz de los hechos siempre le agradeceré al Señor. Y ya no digo nada de lo que disfrutamos vía telefónica la clasificación aquella histórica noche del miércoles 15 de noviembre de 2017 ¡Qué alegría! ¿Te acuerdas papá? “¡Por fin, por fin!” fue el latiguillo que más nos repetimos esa noche con voz entrecortada entre carcajadas eternas y vivas al Perú y sereno.
¡Claro que lo voy a disfrutar! ¿No fue en eso en lo que quedamos aquella noche? Acuérdate que coincidimos en que después de 36 años a este Mundial había que ir a disfrutarlo. A vivir, tres décadas después, todas esas sensaciones y emociones tan lejanas a las que me malacostumbre de niño, asumiendo como algo natural ver a mi Perú en mundiales como el del 78 y el 82, costumbre que de repente se cortó una tarde de junio del 85, justamente cuando Gareca, que cosas tiene la vida, ¡justo el Flaco!, nos dejó sin México 86. Disfrutar, esa será la palabra clave. Después, si vienen buenas actuaciones, triunfos, pase de ronda, mejor todavía. Pero si nos vamos en primera ronda, pues que le vamos a hacer, también disfrutaré, porque nadie nos quitará lo bailado. Así que honraré lo que acordamos. Disfrutar pase lo que pase; eso es lo que voy a hacer.
¿Has visto como está llegando la blanquirroja al Mundial? Somos un buen equipo, viejo. No somos favoritos, de hecho ni siquiera en nuestro grupo, donde está la Francia favorita para ganar el torneo, y Dinamarca que va de candidata a segunda clasificada del grupo. Hay que pisar tierra y ser humildes. Pero ¿sabes qué? Me gusta ver a este equipo de Perú. El Flaco Gareca ha armado un buen equipo, joven y ordenado, sacrificado y solidario, con fútbol y con esfuerzo, donde todos corren, todos recuperan; se nota que tienen confianza, que no es lo mismo que estar confiados. Me gusta. Creo que vamos a vender cara la piel y quien te dice que por ahí no damos una sorpresa y nos vemos en segunda ronda contra Messi y compañía ¿Te imaginas?
Pedrito Gallese es seguridad en el arco. El Negro Advíncula cuando pone segunda es una gacela. Tenemos centrales buenos, sea Sombrita, el Mudo, Araujo o Santamaría. Si Trauco es Trauco podemos confiar y al medio, Yotún es fijo. ¿Te acuerdas lo que conversábamos de Tapia? Renato cada vez juega mejor, es un jugador distinto, y con 22 años nomás… ¡Lo que puede lograr si se lo propone! Eso sí, tiene que aprender a controlar sus revoluciones un poquito para evitar las tarjetas. Con la vuelta de Paolo -vaya que moviste tus nuevas influencias por allá arriba- uno de estos va a tener que salir: Cuevita, Oreja, Carrillo o la Foquita. ¿A quien sacarías tú?¿Cómo jugarías? Es bonito tener esa clase de problemas. Yo no cambiaría el esquema que nos ha traído buenos resultados, pero vamos, por mí, lo que decida el Flaco Gareca va a misa. En Gareca ‘we trust’.
Tenemos un buen equipo papá. Se le plantan con la misma actitud a Juan Pérez que a Luka Modric. Sí, tiene sus falencias y quizás una competición como ésta, la mayor que puede soñar una selección, se encargue de dejarlas en evidencia, pero tengo confianza en que harán un buen Mundial. Y pase lo que pase, te prometo que lo disfrutaré. ¡Qué son 36 años que hemos esperado!
Tenía diez años cuando vi a Perú por última vez en un Mundial. Ahora de adulto tengo claro que el fútbol es algo irrelevante cuando lo pones al lado de las prioridades de la vida y los problemas y situaciones cotidianas, no se diga ya al lado de tu familia, de tu esposa, de tus hijos. Pero también le encuentro todo el sentido del mundo a aquella frase de Valdano que dice que “el futbol es lo más importante entre las cosas menos importantes”. Vaya que lo es. Estos siete meses han sido especiales, únicos. Como ese periodo de flirteo con la chica que te gusta, con toda la emoción propia del enamoramiento. En el medio ciertamente, decidiste que era tiempo de partir a la casa del Padre y ya nada ha sido igual, pero así como he llorado, también he vuelto a sonreír y he podido vivir estos meses con ese orgullo futbolero de clasificar, y con la emoción propia de un niño con juguete nuevo, luego de haberlo logrado después de una eternidad.
Ayer domingo, cuando Perú llegó a Rusia, se me atragantó el nudo en la garganta y se me soltó el lagrimón, porque en lo primero que pensé fue en ti. “Viejo, estamos de vuelta” susurré mientras veía la foto del plantel en suelo ruso frente al avión que los llevó. ¡Por fin! ¡Estamos en el Mundial!. La emoción me desbordó. Ni me imagino como será ese momento de Perú entrando a la cancha este sábado 16 y la hora del canto del himno, tú allá arriba, yo por acá, junto a todos los peruanos donde estén. Va a ser un momento indescriptible, inolvidable.
Me acuerdo unas palabras de Maradona en El Gráfico después de México 86. En el avión de vuelta a Argentina, el Diez comentaba lo que le pasaba con la copa del mundo que aferraba en sus manos: “Creo que me gustaba más cuando la soñaba, cuando estábamos luchando por conseguirla, porque ahora que la tengo en las manos no he podido disfrutarla”. Por eso te soy sincero y te digo que ahora me gustaría que estos siete meses duraran un poquito más. Porque estoy consciente que el sábado después del himno, desde que suene el silbato inicial, se acabará esa sensación especial e irrepetible de “volvimos a un mundial después de 36 años” y comenzará el asunto en serio cuando ruede el balón. Habremos conquistado a la chica soñada y el flirteo tendrá que dar lugar a vivir una nueva realidad. Pero ¿sabes qué? Ganemos, perdamos o empatemos, clasifiquemos o nos volvamos temprano, no caeré en lo del Diego. Porque lo quiero disfrutar. Porque lo voy a disfrutar. Por mí, por ti y por todo el futbol que vivimos juntos, que nos hizo amigos además de padre e hijo, y que –al recuperar nuestra relación- nos mantuvo unidos hasta el último de tus días por aquí, y nos mantiene unidos de corazón eternamente.
Estamos de vuelta viejo querido. El sábado es el gran día y lo viviré a plenitud aunque al día siguiente tenga que afrontar mi primer día del padre contigo, pero sin ti.
Estamos de vuelta… y te amo papá.
Foto del encabezado: Raúl Sifuentes B.