24 de diciembre

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Por fin llega el 24. Por una tardecita el caos, el ruido, el desorden, los tapones ceden un momento. Por un momento puedo pensar en la Navidad, en su verdadero significado, en lo que realmente se celebra. Jesús. Dios hecho hombre, su venida al mundo. Que de eso se trata el asunto hoy. Todo muy bien con las “juntaderas”, los angelitos, los arbolitos y los regalitos. Pero Navidad se trata del nacimiento de Aquel al que años después, cuando le preguntaron cuál era el mandamiento más importante resumió todo en amar a Dios -que es EL amor- y amar al prójimo como a uno mismo.

Amor, amar. Si todos los que nos decimos cristianos lo pusiéramos en práctica, probablemente el mundo sería un poquito diferente. A juzgar por como vamos, pareciera que somos más los incoherentes, que los que están más cerca del amor. Inclusive vivimos una época en la que se tergiversa el mensaje de Aquel que celebramos hoy, y se lo interpreta a conveniencia, inclusive hasta para fines políticos. Más de una vez he pensado que si el buen Jesús se diera una vuelta por el mundo, la bronca que le agarró con los mercaderes del templo sería una broma al lado de la que le daría el ver algunas de las cosas que se dicen y se hacen en su nombre.

Amar al prójimo. Tan simple escribirlo y aparentemente tan difícil practicarlo. Respetar, no discriminar, ser empático, involucrarse, valorar, pensar en el otro, dialogar, saber discrepar, saber coincidir. Que sencillo parece amar. Qué difícil parece amar.

Hoy no caben, de tantos, los mensajes de paz y amor. Hace algunos lustros, en tiempos sin teléfonos “inteligentes”, las redes se saturaban de tantas llamadas y mensajes de texto con esos buenos deseos. Hoy son las redes, pero las sociales, las que repiten una y otra vez esas buenas intenciones.

Me encantaría que tanta paz y amor nos durase todo el año y que quienes lo deseamos fuéramos los primeros en ponerlo en práctica. El mundo que le estamos dejando a nuestros hijos necesita mucha paz y mucho amor, pero en los hechos, no solamente en los deseos y las palabras. Coherencia y no solo elocuencia. Sin duda ese sería el mejor regalo para El que celebramos hoy.

Yo necesito que renazca en mí. Ando como aquél que le dijo “creo, pero aumenta mi fe”. Y ya que estoy en pedirle, le diría que aumente mi coherencia y mi práctica en lo que digo creer. Debe ser la énesima vez que se lo pido. Y como me ama tanto, será la enésima vez que me dará una mano. Dependerá de mí que me dure y que ese renacimiento dé fruto en mí. Como depende de todos, que nuestros saludos y buenos deseos navideños no queden en palabras que para el 26 de diciembre se hayan desvanecido, como se desvanecen los “stories” después de 24 horas.

Como suelen decir por estos días, “gracias por tanto y perdón por tan poco” Jesús. Que tengas un feliz cumpleaños y que renazcas en nuestros corazones.