Peter pan el musical

El elenco de Peter Pan El Musical saludando al final de la función
(Foto: Brenda Marvas @ma.rvas)

Cuánto talento tiene República Dominicana para el teatro musical. Lo resalté en su momento cuando comenté la primera experiencia teatral de mi hija en Matilda El Musical, y lo acabo de confirmar en su segundo trabajo esta vez en Peter Pan El Musical. Luego de las exitosas presentaciones en el Teatro Nacional en un fin de semana de tres sold outs consecutivos, era imposible no dedicarle unas líneas al estupendo trabajo del grupo humano que estuvo bajo las órdenes de Waddys Jáquez y la producción de JaviKarla Producciones, en el debut de Javier Grullón y Karla Fatule en estas lides.

Me genera sentimientos encontrados que un trabajo cuya planificación duró dos años y que tuvo casi cuatro meses de ensayos ininterrumpidos, no haya tenido la posibilidad de presentarse al público más allá de un solo fin de semana. Es frustante que tanto trabajo, sacrificio y dedicación no encuentre escenarios donde puedan presentarse por más días o semanas. Y aunque es bueno ver que nunca faltan empresas y personas que apoyan con patrocinios, lo cierto es que aún hace falta un apoyo mayor que vaya en consonancia con el enorme talento artístico existente en el país.

Obviamente lo primero es reconocer el trabajo de Javier y Karla. Han cumplido su sueño, pero para llegar a ello se han “fajado” como se suele decir acá. La emoción que les imposibilitaba hablar tras el saludo final de la última función es una muestra de la satisfacción por el trabajo cumplido y el sueño logrado, y también del agotamiento tras meses y meses de trabajo orientado a la consecución de su objetivo. Han debutado con un sobresaliente rotundo y, sin querer queriendo, ellos mismos se han puesto la valla alta para su próxima producción.

Durante los ensayos en Alina Abreu me limité a esperar a mi hija fuera del salón, y con los días a dejarla y recogerla pero, ya instalados en el imponente Teatro Nacional, pude ser testigo silencioso de los ensayos de las últimas dos semanas. Para entonces en la famosa tech week, todo era cuestión de pulir detalles (y de aprender a volar, literalmente). En esos ensayos se podía notar el trabajo hecho previamente por Waddys, Paola González y Erick Roque en la dirección general, de la voz y las coreografías. Y también el de Junior Basurto con la música. Pero los ensayos en el teatro tenían el enorme regalo, para melómanos como yo, de ver la obra con los músicos ya en vivo. Fue un placer ver y escuchar el trabajo de todos ellos. ¡Qué bien que sonaban!

Los ensayos en el teatro también me permitieron ver los primeros vuelos de Peter, Wendy, John, Michael y Jane de la mano de Wesley Miller, el encargado de esos efectos especiales. Haber visto aquellos primeros pasos en el aire y luego ver la evolución hasta la destreza con la que volaban en las funciones, es otro de esos pequeños gustos que uno se puede dar acompañando a una hija parte del elenco. Y si de evolución se trata, también es un privilegio ver cómo se va transformando el teatro con el montaje de la escenografía. Una vez más Angela Bernal se luce con una escenografía al nivel de cualquier obra teatral en el escenario más reputado.

Uno también puede ver parte de ese behind the scenes que no se ve al momento de las funciones. Las repeticiones interminables de aquellas escenas que requieren quedar perfectas (aunque para mi ojo ignorante parecieran ya estar perfectas); las mascarillas al por mayor para evitar enfermarse a último momento -o para no contagiar al resto si el virus llegó antes-; los últimos arreglos al vestuario y los cambios del mismo para quienes realizan más de un papel; el cansancio acumulado, las gargantas que comienzan a pedir clemencia. Tal como me sucedió con Matilda, sentí como conforme se acerca el día del estreno, el mood va cambiando y, sin que se pierda la alegría y la camaradería siempre reinante, comienza a asomar una tensión y un agotamiento que pelea mano a mano con la ilusión y el entusiasmo de la inminencia de la primera función. Me queda el recuerdo de la noche previa, tras la función/ensayo de la mañana y el ensayo general de la noche. Listos para la noche del viernes, pero agotados totalmente. Por eso es que me frustra que no puedan mostrar el trabajo de tantos meses más alla de unos pocos días. Ojalá esa realidad cambie poco a poco, porque la dedicación que le pone toda esta gente a los musicales es total. No al 100%, sino al 200% y quizás inclusive más de ahí.

Peter Pan, los Darling y los niños perdidos
(Foto: Pedro Ramírez)

Que puedo decir del elenco. Demasiado talento. Demasiado. Todos. Todas. Obviamente, aunque me encantaría, no puedo dedicarle un párrafo a cada uno de ellos porque haría interminable la lectura a quien ya haya tenido la paciencia de llegar hasta acá. Pero cuanto talento de todos para el canto, para el baile, para la actuación. Indios e indias, niños perdidos, los piratas, las sirenas, Liza, Jane, la indomable Tigrilla, interpretada por Paula Ferry, todos. Imposible no destacar a Benny Pérez metiéndose en el cuerpo de Nana, y luego siendo un indio, y luego siendo un pirata, y si me apuran diría que hasta siendo el cocodrilo al que Garfio tanto teme. Multifacético como pocos. 

Luego están “las leyendas”. Cuando ves ensayar y actuar a Tania Báez y Kenny Grullón, te das cuenta por qué son lo que son y que la trayectoria no se regala. Como padre me imagino la satisfacción que habrán tenido de haber compartido esta experiencia con sus hijos. Los momentos entre Kenny y Javier son de una complicidad que se disfruta. Carlos Sánchez sale de su zona de confort y la rompe como Starsky, como también la rompen los niños Darling. A Manu Chacín ya lo conocía de Matilda y simplemente me confirmó el enorme talento y carisma que tiene; Emilio Blanco simplemente la descoció en su debut. Yo le decía a su madre que su hijo es un adorable inconsciente. Tiene el talento y sale a disfrutar, sin preocuparse si hay 1700 personas mirándolo en el teatro. Le encanta el teatro como le encanta el fútbol. No lo he visto jugar, pero espero que el teatro no lo pierda (y que si se decide por el fútbol, que sea tan bueno como lo es actuando).

Javier ya ha dado muestras de su talento en anteriores producciones. Aquí muestra que sigue en crecimiento interpretando papeles tan distintos como el del señor Darling y el Capitán Garfio. Logra que el público y especialmente los niños desarrollen una relación amor y odio con él. Lo aclaman cuando aparece por primera vez, pero lo abuchean cuando va a envenenar a Peter y celebran cuando finalmente es vencido. 

Gaby Gómez y Sofía Delance me obligan a un párrafo aparte: ambas se apoderan de sus personajes con actuaciones descollantes, pero me quedó con sus voces. Gaby se luce como Wendy especialmente con la canción para dormir a sus hermanos y los niños perdidos; qué momento para más emotivo el que logra con su canto. Sofía deslumbra como Peter Pan. Se apropia totalmente de Peter. Me conmovió el esfuerzo físico que implicó el personaje, especialmente con los vuelos y el cantar al tiempo de volar. Recuerdo su primer contacto con el sistema de vuelo y cómo tras volar y cantar comentaba que era tan exigente como hacer ejercicio. Y quien vio la obra sabe de la maestría con la que volaba Peter y como cantaba en paralelo. La voz de Sofía es una cosa de locos. Una performance consagratoria.

Epílogo paterno:

Valoro muchísimo las experiencias que vivo ahora que no soy Pedro, sino que soy “el papá de mi hija”. Aún cuando a veces la experiencia me saca de mi zona de confort (un tipo al que le gusta llegar a su casa y quedarse ahí, descansando, evitando el caos de la ciudad, de repente se encuentra llevando y recogiendo a su hija a ensayos diarios que terminan entrada la noche), ver disfrutar a mi hija no tiene precio alguno. Por los hijos lo que sea, cuando sea y como sea. Y si encima veo el trabajo y el talento de tantos actores y actrices, productores, directores, músicos, escenógrafos, etc. en situaciones y detalles que normalmente no vería siendo simplemente público, sin duda alguna es una bendición que valoro de un modo aún mucho más especial.

También sé que es una experiencia con fecha de expiración. Si mi hija finalmente se dedica a esto (cada vez que hablo en futuro mi esposa me corrige diciéndome que nuestra hija “ya se está dedicando al teatro musical”), sé que el día que deje de ser menor, a su papá ya no se le habrá perdido nada que buscar en el behind the scenes. Ley de vida. Así que mientras tanto agradezco a Dios la oportunidad de compartir la experiencia con ella (y en este caso, agradezco a Estefany Piña por todas las facilidades que dio a las madres/padres y los cuidados que ella y su equipo de producción le dieron en todo momento a nuestros hijos).

Querido Peter Pan: siempre me generaste una sensación de desasosiego. No te veía como protagonista de una historia alegre. Sufría de niño pensando que el pobre Peter quedaba en una especie de limbo mientras la vida y las personas pasaban por su lado sin detenerse, cuando él en paralelo lo que anhelaba era justamente que el tiempo se detuviera y sus compañeros de aventuras no crecieran. He crecido Peter. Y ya de adulto, de viejo, como tu querida Wendy, pienso que en el fondo Peter Pan, al menos en lo que al musical se refiere, es un canto a la madre. Todos quieren una, hasta Garfio. Aún me queda un poco de esa sensación ambivalente de mi juventud, pero tras estos meses he hecho las paces contigo y tras la última función lo tengo claro: Si así eres feliz, quien soy yo para cuestionarte. 

Así que sigue volando Peter. Que te vaya siempre bien por Nunca Jamás.

El musical termina con un nuevo comienzo: el vuelo de Peter y Jane
(Foto: Brenda Marvas)